Comenta: Mtra. María Isabel Ruíz González

 

Terapeuta Individual, Familiar y de Pareja

 

Hasta hace un par de meses nuestra vida cotidiana se tornaba en un correr constante para cumplir con nuestros deberes, pero de repente y, sin avisar, llegó un agente llamado COVID-19 enfermedad infecciosa causada por el coronavirus poniéndonos un freno que nos cambió la vida, y nos metió al confinamiento obligatorio.

A partir de ese momento tuvimos que adaptarnos para vivir de otra manera; muchos de forma solitaria, otros solo con su pareja, otros con los hijos y otros más con la familia extensa, ya sea dentro de un departamento de 60 m2 con balcón o sin él, algunos en una casa cómoda y grande, y muchos más en pequeñas viviendas.

Conforme han pasado las semanas; el miedo, la incertidumbre, la tristeza y la ansiedad han ido penetrando en nuestro cuerpo y en nuestros pensamientos, y hoy como nunca, sentimos que la muerte merodea cerca de nuestra morada. Pero también hoy como nunca extrañamos y deseamos los abrazos y los apapachos de las personas que amamos y que están ausentes o, a un metro de distancia, teniendo que prescindir de su cercanía y del abrazo recíproco.

Ante este panorama con tintes de incertidumbre y miedo, nuestro cuerpo responde y nos habla a través de; insomnio, malestares estomacales, depresión, irritabilidad, sensación de falta de aire entre otros, y si le sumamos una patología ya existente en nuestro organismo, estos malestares se potencian llevándonos a un deficiente estado de salud.

Ciertamente cada persona experimenta su propio miedo de manera diferente y es importante saber que, cada vez que sentimos miedo, nuestro organismo va deteriorándose. Conocer este proceso interno en nuestro organismo nos impulsará a tomar decisiones inteligentes para estar mejor de salud a pesar de las circunstancias actuales.

Primeramente, tenemos que saber que en nuestro organismo existe una hormona llamada CORTISOL que es la encargada de ponernos en alerta ante una situación de peligro o amenaza, (Estapé, M.2019, p.64) “El cortisol en sí no es malo, lo que es perjudicial para el organismo es su exceso” añade la autora “…cuando el cortisol se eleva en forma crónica pasa a comportarse como un agente tóxico”

Puedo afirmar que, en estos meses de confinamiento, miedo y alerta constante, nuestro organismo está generando niveles elevados de cortisol. Conozcamos como lo procesa nuestro cuerpo cuando recibimos una señal de peligro:

(Estapé, M. 2019, p.63) “El organismo se sobresalta y manda una señal al hipotálamo, que, a su vez, activa otras zonas cerebrales. Comienza una respuesta involuntaria del organismo a través de señales hormonales y nerviosas -la mente a veces no ha tomado conciencia del peligro- con la taquicardia, sudoración y subida de temperatura que todos hemos experimentado en algún momento. Esta información pasa por el tálamo y por la corteza cerebral, donde se procesa de forma cognitiva la información recibida y se decide, en la medida en que la sensación de miedo lo permite, cómo responder ante la amenaza. A continuación, las glándulas suprarrenales, ubicadas encima de los riñones, tras recibir la señal del hipotálamo, liberan una serie de hormonas entre las que destacan la adrenalina y el cortisol”

Es un hecho que, en esta etapa, nuestro cuerpo está generando una gran cantidad de cortisol

Si bien es cierto que el cortisol cumple una serie de funciones en nuestro organismo como el ayudar al oxígeno, a la glucosa y a los ácidos grasos a que puedan cumplir sus funciones, así como la afectación el sistema inmunológico inhibiendo la inflamación, entre muchos procesos que cumple es importantísimo volver a puntualizar que el exceso de cortisol perjudica nuestra salud.

Sin embargo, es imposible mantenernos al margen de lo que sucede en el exterior cuando nada podemos hacer para resolverlo, pero si podemos hacer mucho por lo que hay en nuestro interior para re descubrirlo, sanarlo y amarlo. Podemos empezar enseñándole a respirar correctamente, alimentándolo sanamente, hacer unos minutos de meditación, yoga o ejercicio simplemente hacer eso que nos proporciona alegría. Y, por último, el mantener una buena relación virtual con los seres que amamos a través de la palabra seguramente nos proporcionará alegría.

Hoy tenemos una oportunidad para reinventarnos, elijamos hacerlo.

Bibliografía: Rojas Estapé, Marian. (2019). Cómo hacer que te pasen cosas buenas: México: Diana