Si eres profesional en salud mental y/o educación, te invitamos a conocer este innovador programa de madurez emocional, empoderamiento y liderazgo infantil. Certifícate en Programa Blindy – Modelo BEI®:

Modalidad: Online

Duración: 2 (dos) días

  • Sábado 27 de junio 2020: De 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 hrs.
  • Domingo 28 de junio 2020: De 10:00 a 13:00 hrs.

Inversión: $ 2,900

Informes e inscripciones en IEFAM, tels. 5562 8289 y 5572 7451 – ggarmendia.iefam@gmail.com – www.iefam.com

Existen condiciones previas para la vulnerabilidad en la mayoría de los adultos, niños y adolescentes que inhiben en gran medida la forma en que responden a las demandas del medio socio-afectivo. Para que un niño pueda ser capaz de asumir una postura en un evento, requiere contar con una serie de aprendizajes previos que harán que busque en su repertorio de herramientas cognitivas y socioafectivas un sinnúmero de respuestas asertivas que le ayudarán a identificar y modificar las conceptualizaciones distorsionadas y las pautas de pensamiento irracionales o disfuncionales.

Cuando se quiere que un niño genere un comportamiento nuevo, necesita aprender a resolver de modo más efectivo y modificar los comportamientos que anteriormente había considerado su patrón de conducta.

Desde el modelo sistémico relacional, la vulnerabilidad es el resultado de factores de crianza deficientes en los que se gestaron diferentes tipos de apegos tóxicos dentro del entorno familiar como son:

  • Evitativo: Tiene una desconexión afectiva hacia los hijos, mostrándose distante o intrusivo con ellos, provocando angustia en los mismos, así como sentimiento de abandono y la construccón de una personalidad vulnerable que normaliza el rechazo como un estilo de interacción.
  • Ambivalente: Con escaso equilibrio en la regulación emocional del cuidador principal, por lo que el niño establece la búsqueda de proximidad hacia su figura primaria y al mismo tiempo se resiste a la cercanía.
  • Desorganizado: Los cuidadores responden ante las demandas del niño de manera desproporcionada o inadecuada, promoviendo la dificultad en la regulación de las emociones y en las relaciones afectivas con los otros.

La vulnerabilidad puede ser desarrollada también a partir de algunos factores de crianza que descalifican, haciendo creer a la persona que nunca será suficiente o desconfirman haciendo uso de frases desacreditantes.

En modelo BEI se habla de dos tipos de personalidad: Blindada o Vulnerable, considerando para su construcción factores biopsicosociales como el temperamento, los componentes contextuales (patrones de crianza, vinculación, apego, contexto social, cultural) y los factores biológicos.

Para el desarrollo del blindaje emocional se requiere de tres metahabilidades: Madurez emocional, empoderamiento personal y liderazgo positivo. La formación de una personalidad blindada se da como resultado de factores de crianza eficientes, en los cuales los padres de familia nutren de equilibrio y regulación emocional a sus hijos, a partir de un apego seguro. Esto es, a través de la validación y el uso de la connotación positiva en su lenguaje. Con esto abonan a una personalidad capaz de construir un blindaje emocional, a partir de la configuración de la madurez emocional, empoderamiento personal y liderazgo positivo, las tres metahabilidades centrales del Modelo BEI®.