All for Joomla All for Webmasters

Laberintos de la adolescencia

Por Víctor Baltazar

Cuando haces una elección, cambias el futuro.
Deepak Chopra

A los 15 años, Juan fue uno adolescente vivaz e inquieto, con dificultades para lidiar con sus responsabilidades y con la autoridad de sus profesores; poseedor de un temperamento hiperactivo y procedente de una familia disfuncional. Sus padres decidieron cambiarlo de secundaria como castigo por su mala conducta y reprobatorio desempeño académico.
Más...
Los enojos de Juan escalaron al grado del resentimiento. A partir de entonces, el adolescente declaró que si lo cambiaban de escuela estudiaría aún menos y, en efecto, cumplió su sentencia. Resultante de esa emocionalidad, deficiente relación familiar y fallidas resoluciones Juan se perdió en el camino: pese a estar dotado con capacidades suficientes para concluir sus estudios no terminó la secundaria. Pasado el tiempo, ya adulto tuvo problemas de adicción con el alcohol; su frustración, entre otras causas, era generada por no haber continuado con su preparación escolar.

Marina vivía silenciando su soledad. Su padre la abandonó y la relación con su madre era distante. A los 13 años, en su escuela, experimentó su primera menstruación. La ansiedad, el miedo y sobre todo una profunda vergüenza se apoderaron de ella ante esa sorpresa, porque nadie hasta entonces le había dado información al respecto. Ese mismo día, un compañero la invitó a probar mariguana y ella aceptó. A partir de entonces, Marina inició una carrera sin retorno con sustancias adictivas que malograron su vida.

Joaquín era un chico brillante y funcional que vivía atormentado por una verdad silenciada: el temor extremo de defraudar a sus padres. Cuando decidió compartir el secreto con su familia, en medio de un llanto inconsolable y después de sentir la comprensión empática por parte de sus seres queridos, desechó su preocupación perfeccionista y logró sentirse en paz.

Fernando de 13 años fue maltratado física y emocionalmente durante varios años por su padre, quien le exigía un excelente rendimiento escolar porque lo asociaba como garantía para triunfar en la vida.
A Fernando le daba pánico equivocarse y ante una pregunta largos silencios le preceden antes de atreverse a expresar una palabra. Entró a la adolescencia dominado por el miedo. Su padre, quien también vivió violencia de niño, se dio cuenta de sus errores y las graves consecuencias de su proceder, por lo que arrepentido y desesperado buscó ayuda para su hijo. A partir de ese momento, Fernando inició un proceso de rehabilitación emocional.

Al principio le costó mucho trabajo identificar sus verdaderas necesidades y emociones, pero poco a poco su ser se fue fortaleciendo y, con el tiempo, aprendió a manifestarle a su padre sus desacuerdos. Hoy en día Fernando tiene una muy buena relación con su padre y se relaciona con la vida a partir de sus convicciones, le encanta leer y es un apasionado del cine.

Estos ejemplos nos permiten observar la manera en la que las emociones juegan un papel central y estructurante en la vida de los adolescentes.
Los padres y sus acompañantes en general, si son capaces de relacionarse desde el respeto en la vida emocional de los adolescentes, pueden hacer una diferencia en sus vidas.
Aprendiendo a crear el espacio de intimidad, estructura, y afecto se pueden generar conversaciones que permiten a los y las adolescentes encontrar las claves para aprender a decidir de manera edificante sobre los caminos a seguir para fortalecer sus vidas.