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Laberintos de la Adolescencia - Introducción

Por Víctor Manuel Baltazar

Esp. Terapia Familiar, Pareja y Adolescentes

La experiencia del laberinto encara riesgos y abre a oportunidades. Esta metáfora, presente en diversas culturas, se refiere al viaje interior. Quien lo realiza, o bien termina su vida perdido en sus interiores o emerge de él fortalecido y transformado. En la experiencia laberíntica sólo hay algo cierto: quien se adentra en él ya no permanecerá igual.

Mar adentro, la adolescencia se puede identificar con la experiencia laberíntica. Al iniciarse esta etapa del desarrollo, en donde no se ha dejado de ser niño y tampoco se es adulto aún, el ser humano vive experiencias y aprendizajes determinantes que marcan el resto de su vida.

Todo dependerá de la manera como decida cursar la travesía, las más de las veces silenciando experiencias, tanto placenteras como sufrimientos, a las que se suman las conversaciones que habrán de estructurarle. En estos cruces de caminos, los padres repetidas veces permanecen perplejos ante ese conocido incierto que es su hij@, llegan a perder reiteradamente la oportunidad de acompañarle con eficacia.

En la aventura del laberinto, llegar al centro es un importante detonante de la experiencia adolecente, expresada en las preguntas: ¿Quién soy yo? y ¿Qué quiero para mi vida?. Cuestionamientos que buscan resolver en definiciones sobre su sexualidad, sus valores y los caminos de vida que quieren seguir.

Es necesario decir que el adolescente pocas veces es consciente de sus posibilidades: Puede ser a la vez descubrimiento y también creación. Potencialmente tiene la oportunidad de ser artesano de sí mismo.

Quienes mejor logran surcar la travesía adolescente son los que se empeñan en encontrar el camino para ser fiel al llamado de sí mismos. Por cierto, esto último es lo que revela la etimología de la palabra vocación.

La adolescencia es crucial porque de las entrañas de esta fase del desarrollo podrá emerger un adulto estructurado, que posea las bases para hacerse cargo de su vida, o bien, surgirá con fisuras emocionales que será necesario sanar en los años por venir, o puede permanecer atrapado como un adolescente prolongado en cuerpo adulto, o con graves trastornos de personalidad, por el momento, incapaz de desarrollar las condiciones para lograr su propio bienestar.