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Sola y sin Mí

Sola y Sin Mí

Por: Mary Carmen Herrera

De las relaciones humanas; que per se resultan complejas, la relación madre hija ha sido profundizada por diversas teorías psicológicas; sin embargo, desde mi perspectiva profesional el enfoque psicoanalítico me ha permitido traducir de una manera sencilla lo que sucede en esta relación y las consecuencias que conlleva y sirviendo de espejo a cientos de mujeres que han asistido al curso que lleva este nombre convirtiéndose en un murmullo a voces. Esto ha resultado impactante ya que desde su presentación en el Congreso de Sexología en Guadalajara (Septiembre 2006), se incluyeron varios hombres teniendo ellos también un gran impacto al poder encontrar palabras y sentido a la relación con la madre e identificar las consecuencias de ello en su relación de pareja.

El hecho de que la mujer no resulte amada, querida, festejada en su nacimiento como lo es (en nuestra sociedad falocrática) el varón y que a lo largo de su infancia viva pequeñas; a veces profundas heridas e incluso violencia por parte de la madre; deja una huella, un sentimiento de no ser valiosa o importante generando una carencia que busca llenar a través de su infancia siendo “buena, solidaria, bien portada” y aun así, no recibir esa mirada que le de valía.

En la adolescencia esto se exacerba, ya que esta competencia realmente inconsciente en los años anteriores toma formas importantes, debido a que en la hija surgen los cambios que la convierten en mujer; bella, lozana, firme y turgente; mientras que la madre va declinando en su belleza y es entonces en donde los sentimientos pueden incrementarse a tal grado que de ello surgen heridas, dolores y carencias todavía mayores.

Esto lleva a muchas mujeres a buscar denodadamente este reconocimiento, afecto y satisfacción a sus carencias ya sea en relaciones de pareja; incluso buscándolo en relaciones laborales y en muchos casos sólo les lleva a repetir la historia quedando a veces una tristeza sorda pero latente.

La historia del hombre es diferente sólo en algún sentido, ya que la sobre atención de la madre al vástago se va incrementando conforme crece convirtiéndose en una demanda de satisfacción de las propias carencias de la madre y en algunos casos colocando al hijo en una posición de pareja; sin que por ello medie el erotismo, pero sí la exigencia de las satisfacciones afectivas y cumplimiento de expectativas. Solo que al crecer, la mayoría de ellos puede cortar con esta relación y buscar su propio “objeto de amor” y nuevamente, repitiéndose la historia, ya que ante la demanda de afecto y satisfacción de carencias de la esposa él aprende a alejarse, defenderse, a través de una lejanía física o afectiva y en algunos casos, de violencia; lo que lleva a ambos a situaciones de sentimientos de soledad, carencia y no plenitud.

Podría parecer una perspectiva nihilista; sin embargo esto nos coloca a ambos; hombres y mujeres a buscar nuevas significancias, a que las mujeres puedan tomar conciencia de toda la historia y escucharla en su propia voz para poder desde ahí; colocarse desde otra perspectiva y poder aprender a recuperar su fuerza, su poder y fortalecerse internamente pudiendo así llenar su propio vacío y conocerse; para saber qué la puede llevar a sentirse más plena, contenta consigo, sin afectarse o vivir atrapada en una imagen angustiante si no llena los estereotipos establecidos, iniciar un viaje con ella, por ella y para ella en donde la meta sea su plenitud literal, por lo cual ya no habría sentimientos de carencia o de vacío.

Desde esta nueva perspectiva, su forma de vincularse sería diferente y seguramente; incluso en el caso de la relación de pareja, con otro tipo de hombres que tampoco tuvieran temor de vincularse en el afecto, en la cercanía, honestidad (sin máscaras o defensas) y sobre todo en la equidad; trascendiendo ambos esta huella y buscando no repetirla en la relación con sus descendientes.