All for Joomla All for Webmasters

Abuso Sexual al Infante. Un mal social actual

imagen 11Abuso Sexual al Infante. Un mal social actual.

 

Por: Ma. del Carmen Herrera Pérez

Psicóloga y Sexoterapeuta

 

Cuando se llegan a romper los candados del silencio y se trasciende la represión impuesta para sacar a la luz que una persona fue abusada en su infancia o que un infante está siendo abusado sexualmente por un adulto, la reacción es generalmente de aversión ante un acto que se considera casi monstruoso o cometido por alguna persona afectada de sus facultades mentales, o la reacción es de lástima hacia la persona agraviada por un suceso tan doloroso o traumático. No obstante, después de algún tiempo se olvida, ya que resulta un tabú que afecta o incomoda “la moral” y es más fácil para todos volver a cerrar los candados al no saber reaccionar o actuar ante la situación.

 

Es así, como los tabúes han servido para sustentar y perpetuar una conducta que preferimos esconder a enfrentar y buscar una solución viable, operativa y emergente.

 

Tristemente el abuso sexual al menor NO es el resultado de alteraciones en la mente de los individuos, sino una ostentación de poder y ventaja del status del adulto sobre el infante, sea mujer o varón.

 

Los tabúes, los mitos y el desconocimiento que invariablemente se conjuntan. Son principalmente el origen de que el abuso haya existido y persista, a niveles tan alarmantes, que es necesario considerarlo ya como un mal social debido a  la incidencia con la que ocurre. En un estudio realizado en el estado de Guerrero con una muestra aleatoria de 230 personas (174 mujeres y 56 varones) que se reunieron para explorar sobre su sexualidad, sufrieron abuso sexual 70% de las mujeres y 74% de los hombres, y violación 5% mujeres y 11% varones.

 

La diferencia por género de la muestra de estudio es en sí un indicativo de como la mujer está en una búsqueda de su identidad como individuo, de su crecimiento como ser humano así como de su preparación como profesionista, pareja y madre.  Este mismo fenómeno se repite en los grupos de crecimiento en diversos puntos de nuestro país. Sin embargo, no es sólo la mujer la que resulta agredida, ya que estadísticamente en nuestro país, 8% de ellas y 36% de  los varones  fueron abusados sexualmente por mujeres.

 

Respecto a este punto, es importante la invitación al varón para ubicarse en una realidad a la par que la mujer y tomar conciencia de que necesita crecer, reaprender, cuestionarse nuevamente su posición en la sociedad y renovar conductas, roles.  Saber que tiene derecho a expresar sus sentimientos, ya que en dicho estudio se obtuvieron como resultado que solamente el 13% (7.28) de los varones y 24% de las mujeres (41.76) hablaron de la agresión vivida.

 

Aunque el estudio no arroja datos en cuanto a si hubieron denuncias legales o si se hizo el seguimiento adecuado marcado por la ley; lo cual, da pie a otros estudios de mayor profundidad, son mínimos o casi nulos los casos donde existe denuncia legal, debido a que, como podemos observar en los datos obtenidos; el porcentaje en las mujeres, en el que el agresor era un familiar fue de 43% y en los hombres 28%.

 

En los casos en que el agresor era un conocido, entre los que se contaron: vecinos, amigos de los padres, maestros y hasta sacerdotes fue de 31% en las mujeres y 57% en los varones.  Por lo que podemos deducir que es más común que sea perpetrado por conocidos a diferencia de que en la mujer es mayor el número de familiares.  La jerarquía de familiares agresores fueron hermanos, primos, tíos, abuelos y padres.

 

Todo lo anteriormente expuesto, nos da la respuesta al por qué no son denunciados legalmente y poco es el porcentaje que lo expresa siquiera a alguna persona cercana para buscar la protección a la que el infante “supuestamente” tiene derecho.

 

Valga el espacio para desmitificar el porcentaje de agresores que resultan desconocidos, ya que en las mujeres fue de 26% y 15% en los varones. Cabe aclarar que en las mujeres esta cifra resultó principalmente en edades de 15 años en adelante, en menores de 5 a 9 años de edad el mayor porcentaje fue de familiares y conocidos.

 

Después de estos datos podremos replantear si realmente es un acto esporádico y continuamos evadiéndolo o lo confrontamos e iniciamos cambios de estructura y de funcionamiento en nuestra sociedad.

 

Podemos buscar un sin fin de opciones; sin embargo, la principal será la información. El conocimiento que nos dará una apertura para hablar de manera natural de nuestra sexualidad; entendiéndose por ello como algo dado por la naturaleza o por un ser superior, dependiendo de las convicciones de cada uno. Lo principal es poder hablar para poder educarnos y educar a nuestros hijos para poder prevenirlos, a nuestros padres, maestros, médicos, etc. y así poder cambiar nuestro entorno rescatando valores tan importantes como son el amor y el respeto.

 

Mientras existan sectores de nuestra sociedad marginados y sometidos como son las mujeres, los niños, los ancianos, y otros más, nuestra sociedad no podrá establecer relaciones verdaderamente equitativas y de respeto, y el amor seguirá siendo solo una deformación del amor profundo y fraternal que tanta falta hace en nuestro aquí y ahora.

Abuso Sexual al Infante. Un mal social actual.

 

Por: Ma. del Carmen Herrera Pérez

Psicóloga y Sexoterapeuta

 

Cuando se llegan a romper los candados del silencio y se trasciende la represión impuesta para sacar a la luz que una persona fue abusada en su infancia o que un infante está siendo abusado sexualmente por un adulto, la reacción es generalmente de aversión ante un acto que se considera casi monstruoso o cometido por alguna persona afectada de sus facultades mentales, o la reacción es de lástima hacia la persona agraviada por un suceso tan doloroso o traumático. No obstante, después de algún tiempo se olvida, ya que resulta un tabú que afecta o incomoda “la moral” y es más fácil para todos volver a cerrar los candados al no saber reaccionar o actuar ante la situación.

Es así, como los tabúes han servido para sustentar y perpetuar una conducta que preferimos esconder a enfrentar y buscar una solución viable, operativa y emergente.

Tristemente el abuso sexual al menor NO es el resultado de alteraciones en la mente de los individuos, sino una ostentación de poder y ventaja del status del adulto sobre el infante, sea mujer o varón.

Los tabúes, los mitos y el desconocimiento que invariablemente se conjuntan. Son principalmente el origen de que el abuso haya existido y persista, a niveles tan alarmantes, que es necesario considerarlo ya como un mal social debido a  la incidencia con la que ocurre. En un estudio realizado en el estado de Guerrero con una muestra aleatoria de 230 personas (174 mujeres y 56 varones) que se reunieron para explorar sobre su sexualidad, sufrieron abuso sexual 70% de las mujeres y 74% de los hombres, y violación 5% mujeres y 11% varones.

La diferencia por género de la muestra de estudio es en sí un indicativo de como la mujer está en una búsqueda de su identidad como individuo, de su crecimiento como ser humano así como de su preparación como profesionista, pareja y madre.  Este mismo fenómeno se repite en los grupos de crecimiento en diversos puntos de nuestro país. Sin embargo, no es sólo la mujer la que resulta agredida, ya que estadísticamente en nuestro país, 8% de ellas y 36% de  los varones  fueron abusados sexualmente por mujeres.

Respecto a este punto, es importante la invitación al varón para ubicarse en una realidad a la par que la mujer y tomar conciencia de que necesita crecer, reaprender, cuestionarse nuevamente su posición en la sociedad y renovar conductas, roles.  Saber que tiene derecho a expresar sus sentimientos, ya que en dicho estudio se obtuvieron como resultado que solamente el 13% (7.28) de los varones y 24% de las mujeres (41.76) hablaron de la agresión vivida.

Aunque el estudio no arroja datos en cuanto a si hubieron denuncias legales o si se hizo el seguimiento adecuado marcado por la ley; lo cual, da pie a otros estudios de mayor profundidad, son mínimos o casi nulos los casos donde existe denuncia legal, debido a que, como podemos observar en los datos obtenidos; el porcentaje en las mujeres, en el que el agresor era un familiar fue de 43% y en los hombres 28%.

En los casos en que el agresor era un conocido, entre los que se contaron: vecinos, amigos de los padres, maestros y hasta sacerdotes fue de 31% en las mujeres y 57% en los varones.  Por lo que podemos deducir que es más común que sea perpetrado por conocidos a diferencia de que en la mujer es mayor el número de familiares.  La jerarquía de familiares agresores fueron hermanos, primos, tíos, abuelos y padres.

Todo lo anteriormente expuesto, nos da la respuesta al por qué no son denunciados legalmente y poco es el porcentaje que lo expresa siquiera a alguna persona cercana para buscar la protección a la que el infante “supuestamente” tiene derecho.

Valga el espacio para desmitificar el porcentaje de agresores que resultan desconocidos, ya que en las mujeres fue de 26% y 15% en los varones. Cabe aclarar que en las mujeres esta cifra resultó principalmente en edades de 15 años en adelante, en menores de 5 a 9 años de edad el mayor porcentaje fue de familiares y conocidos.

Después de estos datos podremos replantear si realmente es un acto esporádico y continuamos evadiéndolo o lo confrontamos e iniciamos cambios de estructura y de funcionamiento en nuestra sociedad.

Podemos buscar un sin fin de opciones; sin embargo, la principal será la información. El conocimiento que nos dará una apertura para hablar de manera natural de nuestra sexualidad; entendiéndose por ello como algo dado por la naturaleza o por un ser superior, dependiendo de las convicciones de cada uno. Lo principal es poder hablar para poder educarnos y educar a nuestros hijos para poder prevenirlos, a nuestros padres, maestros, médicos, etc. y así poder cambiar nuestro entorno rescatando valores tan importantes como son el amor y el respeto.

Mientras existan sectores de nuestra sociedad marginados y sometidos como son las mujeres, los niños, los ancianos, y otros más, nuestra sociedad no podrá establecer relaciones verdaderamente equitativas y de respeto, y el amor seguirá siendo solo una deformación del amor profundo y fraternal que tanta falta hace en nuestro aquí y ahora.