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Sanando las cinco heridas de la infancia.

heridasSanando las cinco heridas de la infancia.

Por Psicoterapeuta Yolanda González

Pocas son las personas que podrían contarse entre quienes han tenido una infancia exenta de sin sabores y limitaciones, ya que todas las personas durante la infancia, en mayor o menor grado, de una u otra forma, hemos tenido experiencias agradables y desagradables, necesidades insatisfechas o asuntos inconclusos que si no los enfrentamos y resolvemos, nos acompañarán a lo largo de toda la vida, la mayoría de las veces afectando nuestra autoestima y por tanto las relaciones con los demás.

A estas experiencias dolorosas se les han llamado heridas y la mayoría de las veces son resultado de experiencias vividas con los padres o con los adultos significativos que fungieron como tales, pero si nos comprometemos a abandonar la victimización, entraremos en un proceso que nos permita ver que en realidad son grandes lecciones que nos ha dado la vida para descubrir nuestro potencial y enseñarnos a ser más fuertes.

A continuación comentaré brevemente acerca de ellas:

Herida de rechazo. El adulto que tiene esta herida, vivió experiencias de rechazo en su niñez y tendrá la tendencia a rechazarse a sí mismo y a los demás, también rechazará experiencias placenteras y de éxito por el profundo sentimiento de vacío interno y por tener la creencia errónea de ser “poco merecedor.” Culpará a los demás de ser rechazado y sin ser consciente de ello, es él quién se aísla, creando así un círculo vicioso.
Herida de abandono. La soledad se convierte en el peor miedo de quien vivió abandono en la infancia. Y su herida se convierte en su paradoja: “Quien vivió abandono tenderá a abandonar proyectos y parejas, hasta que haga consciente su carencia y se haga responsable de su vida y su soledad”. Y piensa: “Te abandono yo, antes de ser abandono por ti”.
Herida de humillación. Los adultos que tuvieron experiencias de todo tipo de abusos, incluyendo el sexual, o experimentaron humillaciones, comparaciones o que fueron ridiculizados y/o avergonzados por su aspecto físico o por sus actitudes y/o comportamientos durante su niñez, suelen llevar esa carga a cuestas y la mayoría de las veces, son seres inseguros, tímidos e indecisos que en lo más profundo de su ser, se sienten culpables y no creen tener derechos elementales e incluso pueden dudar de su derecho a existir.
Herida de traición.El adulto con herida de traición será un desconfiado empedernido, ya que no se permite confiar en nada, ni en nadie. Su mayor miedo es la mentira y buscará de manera inconsciente involucrarse en situaciones en las que irremediablemente será traicionado. Cumpliéndose la profecía que él mismo decretó: “No confíes en nadie, todo mundo traiciona”. La mayoría de quienes experimentan celotipia tuvieron vivencias de traición en su niñez.
Herida de injusticia. Experimentar la inequidad, es el peor enojo de quien tiene herida de injusticia y es posible identificar a quienes la han vivido en su niñez, al observar las reacciones desproporcionadas y neuróticas ante alguna situación injusta. Todas las personas en algún momento hemos vivenciado situaciones como injustas, sin embargo a quienes tienen la herida, les es imposible lidiar con ello y sus reacciones tienden a la autodestrucción. Una de las características más importantes es su gran temor a equivocarse y su tendencia a buscar la perfección, lo cual les trae mucha frustración y su gran reto para sanar es buscar la flexibilidad y la humildad.


Desafortunadamente, cuando nos negamos la oportunidad de trabajar en la sanación de estas heridas, estamos repitiendo patrones conductuales enfermos que a nosotros nos dañaron en nuestra niñez y de forma inconsciente se perpetuará el circulo vicioso del cual hemos huido, dañando ahora nuestras relaciones con los demás; ya que las heridas se muestran en nuestra comunicación llena de chantajes, manipulación y control.

Todas las personas tenemos “heridas” que experimentamos en la niñez y la gran oportunidad que está a nuestro alcance, es trabajar con ellas para transformarlas en grandes lecciones de vida que nos permitan asignar nuevos significados a nuestro pasado y reconocerlo como un tesoro valioso que hace que seamos los seres capaces, fuertes y valiosos que somos hoy. Las personas pueden tener varias experiencias dolorosas, por tanto una combinación de varias “heridas” y de ninguna manera significa que tengan un inexorable destino fatal, sino por el contrario, tienen grandes retos que enfrentar y sabias lecciones por aprender, solo si se atreven a navegar en ése océano maravilloso que es su interior.