Por: Mary Carmen Herrera Pérez

Psicóloga y Sexoterapeuta

Cuando se llegan a romper los candados del silencio y se trasciende la represión impuesta para sacar a la luz que una persona fue abusada en su infancia o que un infante está siendo abusado sexualmente por un adulto, la reacción es generalmente de aversión ante un acto que se considera casi monstruoso o cometido por alguna persona afectada de sus facultades mentales, o la reacción es de lástima hacia la persona agraviada por un suceso tan doloroso o traumático. No obstante, después de algún tiempo se olvida, ya que resulta un tabú que afecta o incomoda “la moral” y es más fácil para todos volver a cerrar los candados al no saber reaccionar o actuar ante la situación.

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